Acto oficial

Discurso del Intendente Jorge Berti por el Día del Maestro

Que nunca les falte la alegría de enseñar, la fuerza para seguir y la certeza de que, aunque a veces parezca que están haciendo algo pequeño, para ese chico que tienen delante puede significar absolutamente todo.

DÍA DEL MAESTRO

Como Intendente, es un honor compartir este momento con ustedes y, especialmente, con nuestros chicos y con quienes tienen todos los días la enorme responsabilidad de acompañarlos a crecer.

Hoy quiero empezar con una historia.

Dicen que, después de una gran tormenta, un hombre caminaba por una playa cubierta de estrellas de mar. Eran miles. La marea las había dejado sobre la arena y, con el sol cada vez más fuerte, muchas estaban condenadas a morir.

A lo lejos, el hombre vio a un niño que corría de un lado para otro. Se agachaba, tomaba una estrella y la devolvía al mar.

El hombre se acercó y le preguntó:

—¿Qué estás haciendo?

—Estoy tratando de salvarlas —respondió el niño.

El hombre miró la inmensidad de la playa y le dijo:

—Pero son miles. No vas a poder salvarlas a todas. Lo que estás haciendo no cambia nada.

El niño tomó otra estrella, la miró, la arrojó al mar y respondió:

—Para esa, sí cambió todo.

Creo que ahí está una de las imágenes más hermosas de lo que significa ser maestro.

Porque un maestro tampoco puede resolver todos los problemas del mundo. No puede evitar todas las dificultades, ni elegir las circunstancias que le tocarán vivir a cada uno de sus alumnos.

Pero puede hacer algo extraordinario:

Puede cambiar la vida de uno.

Puede ser quien descubra una capacidad que nadie había visto.

Quien diga una palabra justo cuando un chico necesita escucharla.

Quien despierte una curiosidad.

Quien enseñe que equivocarse no significa fracasar.

Quien haga sentir a un alumno que vale, que puede y que tiene un lugar en el futuro.

Y muchas veces, sin saberlo, ese gesto queda para toda la vida.

Por eso hoy, al ver nuestras escuelas representadas en sus banderas y a tantos chicos compartiendo este acto, tenemos una certeza:

Educar no es solamente transmitir conocimientos. Es abrir posibilidades.

Y una ciudad que quiere crecer tiene que cuidar esas posibilidades.

Desde el Municipio entendemos que acompañar a nuestras escuelas no es una tarea secundaria. Es una responsabilidad con el presente y, sobre todo, con el futuro de Villa Constitución.

Por eso vamos a seguir estando cerca, llegando a cada rincón, generando herramientas, acercando conocimiento y construyendo junto a nuestras instituciones las condiciones para que nuestros chicos puedan desarrollarse.

Porque sabemos que el futuro no se construye esperando.

Se construye preparando.

Preparando a nuestros jóvenes para un mundo que va a exigir cada vez más conocimiento, creatividad, capacidad, esfuerzo y también valores.

Y tenemos que lograr que cuando aparezcan las oportunidades —porque queremos que aparezcan y vamos a trabajar para que aparezcan— nuestros chicos estén preparados para tomarlas.

Que nadie quede afuera por no haber tenido una oportunidad de aprender.

Que ningún talento quede escondido por falta de herramientas.

Que ningún chico crea que su origen determina hasta dónde puede llegar.

Ese es el desafío que tenemos como comunidad.

Y en ese desafío, los docentes ocupan un lugar que ninguna política, ninguna tecnología y ningún edificio pueden reemplazar.

Porque ustedes están ahí.

Frente a frente.

Todos los días.

Por eso hoy quiero pedirles algo.

Sé que enseñar muchas veces significa enfrentar dificultades, cansancio y situaciones que van mucho más allá del aula.

Pero no permitan que esas dificultades les hagan perder lo más importante:

la alegría de enseñar.

Disfruten cuando un chico finalmente entiende aquello que no podía comprender.

Disfruten cuando una pregunta los sorprende.

Cuando descubren un talento.

Cuando ven crecer a ese alumno que llegó con dudas y un día empieza a confiar en sí mismo.

Porque quizás ese sea el verdadero premio de esta profesión:

saber que, mientras enseñaban una materia, estaban ayudando a construir una vida.

Y tal vez dentro de muchos años, cuando esos chicos sean grandes, no recuerden una fecha, una fórmula o una lección determinada.

Pero seguramente recuerden a aquel maestro que alguna vez creyó en ellos.

Ese recuerdo también será una forma de educación.

Por eso, en nombre de nuestra ciudad, quiero decirles simplemente:

Gracias.

Gracias por estar.

Gracias por enseñar.

Gracias por acompañar.

Y gracias, sobre todo, por no pasar de largo frente a ninguna de esas pequeñas “estrellas” que necesitan que alguien las ayude a encontrar su lugar.

Porque una ciudad puede tener grandes obras, grandes proyectos y grandes sueños.

Pero su obra más importante siempre será la que logremos hacer con nuestros chicos.

Y esa obra comienza todos los días, cuando se abre la puerta de una escuela y un maestro entra al aula.

Feliz Día del Maestro.

Que nunca les falte la alegría de enseñar, la fuerza para seguir y la certeza de que, aunque a veces parezca que están haciendo algo pequeño, para ese chico que tienen delante puede significar absolutamente todo.

Muchas gracias.